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Terra
La Coctelera

El príncipe de las mentiras

Hace mucho tiempo que el Glam estuvo de moda, y ya hace unos años que está de vuelta, porque muchos de los que eramos niños de 5 o 6 años cuando eso pasaba, ahora creciditos quieren recuperar esa estética por pura nostalgia. Todos crecimos viendo esos seres estrafalarios, con la cara pintada, con esas licras y esas mechas, esas gafas... y esas capas murcielaguescas con lentejuelas y no podemos sentir menos que nostalgia... al ver las fotos de David Bowie trasvestido era algo divertido y sin otro significado que el equivalente a quizás ver a un Muppet. Ellos no pretendían eso, pero así sucedió. Y el Glam, en ese ambiente etéreo, extraterrestre, marciano, entre nieblas, luces y crateres lunares no era propiamente una música de reinvindicación o pretensiones. Pero ahora, y por casualidad, vi un video de Bobby Conn, un artista desconocido y anónimo para mi hasta entonces, y me costó trabajo darme cuenta que el video era nuevo y no del 78. Por qué me dí cuenta? porque la letra era algo reivindicativa, que me hizo pensar de inmediato en historias recientes. En la gente que utiliza la guerra y la muerte como una solución de seguridad, cuando solo están haciendo negocios con la sangre de inocentes. Cuando al crecer nos damos cuenta cuán difusa es la realidad, la de los buenos y los malos, y vemos que casi siempre los buenos no mandan, y los mandos son abominables, porque senciallamente no respetan la vida. No puedo ignorar los atropellos da cada día a la vida. Bobby, era ineludible que aunque quisieras hacer Glam como el de tu infancia, terminaras reprochando la realidad poco galáctica y aciaga de este mundo que ahora ves de adulto. Te estás metiendo en problemas...Ojalá, literalmente, te dejen volar.

El cuerpo del delito

Llama la policía, rompe la puerta, -donde está el "delito"-, que delito? el delito! escarban y rompen, afanados en la empresa de la justicia, de la que bien saben escapar los políticos y otros delincuentes, de los malos. Por fín. No está el plano de la bomba, el archivo pederasta, los restos de las drogas, el arma sin licencia, el historial de desfalco de las tarjetas de crédito, el pedazo de brazo de la víctima del caníbal, o los panfletos pro paramilitares para hacer limpieza de la basura humana -que en realidad sería el suicidio-, ni la caleta guerrillera para quitarle la vida o libertad a un secuestrado inocente de su maldita revolución de la extorsión. Porque éste criminal hizo algo peor, recordó un amor roto, unos amigos que ya no están, o una tarde de verano, y ese fué el estímulo a esa motivación criminal, que me hizo bajar una canción sin la licencia de las multinacionales del arte, que harán todo lo posible por proteger la cultura. Valga decir que el acetato si lo compré, y aunque no prueba nada, los invito a buscarlo en la azotea de la casa de mis padres, a 12 mil kilometros de distancia. Aquí está Sras. y Sres.
El Cuerpo del Delito: